Mirando la vereda del frente
1 Samuel 10:22
“…..He aquí que él está escondido en el bagaje”
Cuando uno es joven es bueno para alabar aquellos que triunfan o les va bien en alguna área de la vida, recuerdo haber sido fan de músicos, políticos escritores y hasta del vecino de mi casa, es bueno admirar la vida de otros, resulta saludable reconocer los meritos de la gente que alcanza resultados significativos, pero, cuidado cuando esto se convierte en vicio, o una sutil manera de esconder la falta de confianza en uno mismo, debes recordar que Dios quiere escribir también tu propia historia.
Me impresiona recordar siempre a Saúl; un joven brillante, de excelente parecido(algo siempre importante entre los jóvenes) escondido en medio de las bodegas de armamento de los escuadrones de Israel para arrancar de su llamado para ser rey de la nación, por no sentirse adecuado para un servicio de este tipo, quizás muchos a la luz de la tremenda responsabilidad que iba a asumir Saúl, también habríamos descubiertos barreras interiores como la de este joven, las cuales nunca superó y al final fueron detonante para la destrucción de su llamado.
El no sentirnos adecuado para asumir determinados proyectos personales es más común de lo que pensamos, le ocurre a los brillantes y también a los comunes, tenemos futbolistas, artistas de cualquier género, profesionales o talentosos cristianos que ante el fragor de la responsabilidad asumen papeles pasivos o buscan ocultarse en las espaldas de los demás. En Chile tiempo atrás todos estábamos sorprendidos de la calidad de un futbolista a quien simplemente se le apodaba como Mati, era nuestro Maradona, las fichas locales estaban todas puestas en él, la prensa deportiva lo alababa extraordinariamente y fue sindicado como el mejor de América, de pronto fue adquirido por un club español, y Cuando todo el mundo esperaba que comenzara a dar espectáculo en toda la aldea global se fue opacando y dejando que la presión del medio colmada de muchos como el, restaran protagonismo y terminase relegado a la banca, para muchos lo alcanzado por él, ya es un triunfo enorme, sin embargo para otros, su falta de carácter y confianza personal le han privado de su ser un autentico ganador.
Estos hechos me recuerdan mis primeros años como creyente en la misión donde conocí al Señor, interactuábamos frecuentemente con “gringos”, el medio nuestro era de población, privados la mayoría de nosotros en aquella época para desarrollarnos como universitarios, generalmente veíamos a los americanos desde una perspectiva inferior, muchos de frentón se sentían acomplejados y restados para actuar con naturalidad, creo que Dios uso aquellos mismos hechos para trabajar en nuestras personalidades, sondear nuestras identidad, algunos avanzamos lentamente y en el tiempo agradecemos dicha opción de vida, pues pudimos descubrir fisuras importantes que podrían haber resultado altamente invalidante.
Como pastor me emociono viendo los cambios en los jóvenes, pienso en uno de ellos llamado Jonatán, quien es como un hijo de nuestra comunidad, la situación familiar en el pasado fue difícil y cuando recién llegó a nuestras reuniones resultó ser una apuesta no fácil, era obvio que su identidad había sido afectada por las circunstancias que le había tocado vivir y su percepción de si mismo no era de la mejor calidad, deambulo a lo largo de un par de años por varias familias y el termómetro de pronto aumentaba de temperatura al punto que todo hacía suponer que este estallaría, sin embargo la perseverancia de Jonatán y el auxilio de una de nuestras familias más dedicadas al Señor han logrado complementar la relación y permitir que los talentos de él suban a la superficie. Poco a poco se está convirtiendo en un gran líder de alabanza, paralelamente ha iniciado una gestión musical cuyo objetivo principal es exaltar a Dios, me gusta sentarme a conversar con él y ver la obra de Dios actualmente en su vida, me recuerda a Dios y su trabajo de alfarero; nos toma y moldea a cada uno en busca de sus objetivos más trascendentes. Esto me trae a la memoria otros hechos.
Por Juan Carlos Campos
