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¿l@c@?….. loco ¿loco por qué?

Un pescador experto

pesacor1“Cuando acabó de hablar, le dijo a Simón: lleva la barca hacia aguas más profundas, y echen allí las redes para pescar” Lucas 5: 4

La noche pasada no resulto de las mejores, todo el esfuerzo concentrado en la faena de la pesca, no había significado ningún éxito. Eso a cualquier trabajador lo coloca de mal humor, no importa de donde sea o la época en que haya vivido. Por eso cuando Jesús les instó a echar la barca mar adentro, y lanzar nuevamente las redes, resultaba para la mayoría un ejercicio estéril y casi de mal gusto. Pero ahí estaba este hombre del cual ya habían escuchado muchas cosas: que sanaba los enfermos, echaba fuera demonios y cuando hablaba surgía una profunda esperanza para el corazón afligido. ¿Qué hacer ante su arremetida verbal? ¿Qué hubieses hecho tú? ¿Apelarías a tu profesionalismo, argumentando los vastos conocimientos sobre el manejo de redes? ¡Profeta vete a tu pulpito! La respuesta de Pedro al hecho revela cuanto impacto Jesús ya había causado en él. -En tu palabra echaré la red- sin duda una declaración llena de fe y confianza de lo que el Señor puede hacer a favor nuestro.


Es la declaración más precisa que nuestro corazón puede hacer a Jesús. Creer que lo que él dice, se hará realidad y provocará en nosotros un plus enorme de confianza, esto es lo que Jesús está esperando de cada hombre, de escuchar su voz.

Lo interesante de este pasaje es que la declaración viene acompañada de lo que la mayoría de nosotros olvida sobre el creer; la acción. A la respuesta de Pedro le sigue la tarea: subir a la barca e internarse mar adentro, y luego sacar las redes ya guardadas y lanzarla sobre las aguas. Es decir la declaración no es un hecho puramente teórico, va acompañada de conducta, no es un acto emocional, en absoluto, es fe en acción.

Conocer a Jesús es impactante

Hace un par de días fuimos invitados con mi esposa a reunirnos con una familia que hace poco está con nosotros en la iglesia. Fue un bello momento. Una hermosa mesa, una comida muy agradable, y una disposición enorme para que nos sintiéramos cómodos y bien. No le conocíamos mayormente, teníamos diferencias de edad a lo mejor importantes, sin embargo Jesús era razón para asociarnos y sentirnos emocionalmente uno. ¡Esto lo logra solo el evangelio de Jesús!

Igual lo fue para estos humildes hombres que vieron interrumpida su rutina de pescadores y dejaron todo para conocer el Reino que venía a través del Señor. Hasta ese momento su actividad cotidiana era remar, pescar y vender para llevar el sustento a sus familias. La visión de la existencia se reducía al trabajo y la familia. Sin embargo con Jesús de pronto cambio todo. Lo que ocurrió con estos hombres fue casi novelesco. Cada día pasó a ser una experiencia nueva. Tuvieron que adecuarse a niveles de asociación que nunca habían imaginado, conocer gente y el corazón de estos, insertarse y gravitar en la humanidad como jamás habían soñado. Es que cuando Jesús viene a la vida del ser humano, se revoluciona todo en la persona: cambian las prioridades, surgen propósitos nuevos a través de los cuales existir, el enfoque cotidiano sufre decisivas transformaciones y un afán progresivo de crecimiento personal nos inunda completamente.

Quien duda de este hecho es simplemente porque desconoce quien es Jesús y lo que este es capaz de hacer en el corazón del ser humano. ¡El nos promete vida en abundancia! Si te has perdido esta experiencia, entonces te animo a disfrutarla, pues la vida carece de sentido sin conocer a Jesús. Aun más, si no has dado este paso, entonces reconoce que los actuales vacios que te amenazan, y los temores que circundan tus pensamiento son por la ausencia de esta vivencia necesaria para toda persona.

¿Por qué no le conocí antes!

Como pastor he escuchado tantas veces gente cambiando de actitud en su interior hacia Dios y tristes por no oír antes de Jesús y haberle aceptado. Saben que han perdido parte importante de sus vidas bajo conceptos existenciales estériles los cuales no le han provocado ningún beneficio evidente independiente de los beneficios económicos logrados por el arduo trabajo desarrollado. Es que ir a Jesús es el momento más trascendental de nuestra vida. Permite entender que íbamos en una dirección en apariencia correcta, hasta que fluye la luz del evangelio y pone claridad a la ruta equivocada que de persistir solo nos habría causado la muerte. Es que pecado significa “errar el blanco” sin embargo como un niño que sabe que comer determinado producto causa todo tipo de problemas estomacales, pero “sabe bien” “resulta agradable en el momento”, así de esa manera me hundía como tantos otros degustando el pecado, levantándome por las mañanas sin deseo de mirar mi rostro en el espejo, pues este me recordaría de inmediato lo ocurrido la noche anterior. Cuando niño no había cosa que me gustaba más que el manjar. Mi madre lo preparaba de manera deliciosa, luego lo guardaba para que durase todo el mes. Recuerdo que un par de veces en silencio y mirando para todos lados, tome un envase, me fui debajo de la cama y rendí todo mi zona degustativa al influjo poderoso de la leche cocida. Pueden imaginar el resto de la historia en mi estomago como la reprimenda de mi madre.

-El pecado es parecido-

Tiene buen gusto pero las consecuencias son siempre nefastas. Y hundirse en el pecado no es un juego. Es el pantano más peligroso existente en la tierra. Son tantos los que allí han caído y nunca más han logrado salir. Por eso la Biblia dice “porque la paga del pecado es la muerte”, que bueno recordar que dicho versículo no termina con esta tajante afirmación, para el que cree en Jesús dice: “más el regalo de Dios que es Cristo Jesús vida eterna”. ¡Que importante resulta creer!

Jesús es el gran libertador

Para eso vino Jesús, para hacernos libres. Cual hábil guerrillero rompió las sogas que nos ataban al pecado y al igual que Lázaro ya por varios días en el sepulcro, al escuchar su voz se puso de pie, del mismo modo cada uno de nosotros al creer puede volver a vivir, salir del estado cataléptico en el que nos encontramos; aflorar del pantano, romper las ligaduras que nos retienen junto al pecado y colocarnos verdaderamente de pie.

La conmoción del amor de Jesús por mí cuando recién me convertí fue evidente, cada vez que tomaba la Biblia y leía sobre su amor y como padeció para que pudiésemos ser liberados, fluían las lágrimas abundantemente. ¡Que bellos días!

Para cultivar la fe se requieren aguas profundas

No me gustan las alegorías como método de interpretación de las escrituras. Hago una salvedad en este caso necesaria para clarificar como la fe se vale de los grandes desafíos para producir resultados de esta misma calidad en la vida de los creyentes. Jesús mandó a sus futuros discípulos a las aguas profundas pues una gran recolección de peces les aguardaba.

En la vida cristiana “las aguas profundas” son una expresión metafórica que significa enfrentarse a experiencias mayores. Es decir instantes de decisiones importantes, dificultades no menores, procesos de quebrantamiento imposibles de olvidar, periodos de la vida en que no entendemos porque nos ocurre lo estamos viviendo.

¿Cuántas veces ha enfrentado situaciones como las que menciono?

Esto me recuerda la vida de un hombre que llegó a nuestra iglesia, desde el principio se caracterizó por ser correcto en su andar como creyente, buscó que su familia se alineará a su fe, nos comenzamos a reunir en su hogar, estudiando la biblia cada semana, se bautizaron cada uno de ellos, tenía buen trabajo fruto de su posición como profesional, es decir todo se ajustaba correctamente. Luego de algunos meses me encuentro con que una de sus amenazas latentes se había cumplido; quedó sin trabajo con un mercado en apariencias absolutamente cerrado. El estupor se filtró al corazón de su esposa y también de sus hijos quienes ven con preocupación como su padre rema con estas aguas que han irrumpido sus vidas. ¿Qué le dirías a un hombre con este tipo de dificultades? ¿Dios se olvidó de de él? Con mi corazón partido por él, yo le diría lo que Jesús le dijo a sus futuros; “lleva la barca hacia las aguas profundas. Y echa allí las redes para pescar” Lucas 5:4

En el día de ayer una mujer muy perturbada se acercó para contarme que su hija había abortado bruscamente. Fue imposible no asociar su evento con el de otras familias y nuestra propia experiencia matrimonial. Tres veces mi esposa se ilusionó en forma muy concreta con ser mamá por segunda vez. Las tres veces sus sueños se desvanecieron de modo inesperado. La prueba mayor estaba por producirse, corría el año noventa, y durante un embarazo normal con todas las precauciones adecuadas, en el momento del alumbramiento nace nuestro hijo y a las dos horas su corazón se rompe en varios pedazos. La pena inundo nuestro corazón en una forma no menor, cuando nos casamos con Nélida siempre decíamos que queríamos tener cinco hijos, lo que ignorábamos es que nuestros organismos no estaban en condiciones adecuadas para un sueño de este tipo; Dios nos bendijo de acuerdo a su sabiduría lineal, genéticamente quizás nuestros hijos hubiesen adolecido de la química adecuada para vivir de manera correcta.

-No tengo respuesta concreta para este hecho-, sin embargo sí tengo paz, y junto a mi compañera de toda la vida, puedo decir que un día esta clase de misterios será resuelto, y no me cabe duda alguna que Dios de acuerdo a su providencia ha velado en estos angustiosos hechos, sanando nuestro corazón y rodeándonos de una bella hija que suple el dolor de vivir en una tierra herida.

Mucha agua ha corrido en el puente de mi vida algunas han sido tan azules, pareciera que contuvieran puro cielo, otras han sido verde diamante, como aguas de los lagos australes, salutíferas como diría el profeta Ezequiel, hechas para sanar y provocar bendición. Son los ríos y los vientos de los cuales habló Jesús al termino del Sermón del Monte, experiencias para descubrir donde te encuentras parado, en la verdad de la palabra, o en la arena de los sentimientos.

Lo maravilloso y bello del cristianismo es que Dios usa cada una de nuestras experiencias para hacer de nuestra fe, una semilla de alta calidad. Declaro que he conocido el triunfo mayormente, sin embargo siguiéndole me he dado cuenta, como Dios recicla todo a nuestro favor, los hechos que fluyen de momentos de gran eficacia como aquellos que son el fruto de grandes zozobras, instantes en que no queda otra que soltarse de toda amarra y dejarse guiar como lo hace un tronco rio abajo, o un piloto de avión que depende solo de la lógica de los controles para gobernar o aterrizar su nave.

De a poco hemos entendido que somos parte de un proyecto

¿Es cierto esto? Sin duda que si…pero hay que descubrirlo, experimentarlo, salir desde nuestro estado de esclavitud, (la incredulidad es uno de los peores estados emocionales que el hombre puede vivir) para gozar con la liberación autentica que el evangelio proporciona. Lo que ocurre es que cada creyente cuando llega a la verdad de las escrituras, descubre que tiene huellas fruto de su pasado, hay oscuras cicatrices, algunos tienen más que otros, y Dios como un hábil cirujano va tratando nuestras heridas, hasta hacernos hombres competentes, con una dinámica nueva, pasamos a ser la sal preservadora, la luz del mundo, él medio a través del cual el extiende su Reino en la tierra.

Somos parte de una pesca inalterable

Creo que recordar estos hechos nos hace bien. –No es sano atar los ojos al pasado- pero sí es bueno rememorar y mirar los triunfos, sacar toda ansiedad de nosotros al pasearnos por circunstancias donde luchamos grandes batallas. ¿Perdiste la batalla? Obvio que no, es cierto que en el momento parecía que la noche oscura, caía para devastar nuestro ser, y sin embargo Dios como bengala gigante surgía en medio de la batalla para darnos la victoria. Nunca sus ojos han dejado de estar a nuestro lado, muchas veces pareciera haber sido un simple espectador, o un lejano Dios envuelto en las realidades complejas de su microsistema, atareado en resolver las indeterminadas relaciones intergalácticas, dejándonos en apariencias, solos en medio de la lucha, viendo como valientemente nos esforzábamos por salir adelante, sin embargo como dice el poema en aquellos instantes era cuando él nos llevaba en sus brazos.

Si hay algo de lo que debemos tener cuidado en la vida cristiana, es juzgar las cosas por las apariencias; al hacerlo podemos dejar de ver con la habilidad triunfadora de un Eliseo, quien rodeado de enemigos seguía su actividad cotidiana, pues tenía claro a quién le había creído, quedándonos con los ojos temerosos del criado, el cual lleno de turbación al mirar solo los enemigos de su mentor, no podía ver la amplia y generosa cobertura de parte de Dios en protección de ellos mismos.

Tantas veces nos ha ocurrido lo mismo, nuestra mente incrédula interponiéndose a los ojos de nuestra fe, arrebatándonos la posibilidad de bregar y luchar con la confianza adecuada. Dios sabe como somos, por eso él ha decidido operar a través de la vida misma en nosotros.

Poniendo nota al proyecto

Si la vida cristiana fuese medida como la de un alumno en su colegio, ¿Cuántos alumnos brillantes surgirían en medio de la sala? Probablemente muchos, pero también otros tantos, tendrían que llevar frecuentemente su apoderado a Inspectoría. Dios nos conocía cuando nos llamó, no porque fuéramos brillantes, el nos llamó sabiendo como éramos, y él ordenó todo para que camináramos junto a él, para ser artífice y consumador de la obra en nosotros. Al igual que sus discípulos, quienes fracasaron muchas veces, y que parecían tener – un corazón tan duro- para entender pero….. ahí estuvo siempre Jesús, al lado de ellos para animarlos. Nosotros igual que ellos, infinitamente parecidos, arruinando la tarea muchas veces, echando a perder la lección pero recibiendo de Dios lo bueno, una terapia de reanimación constante, para internarnos en las aguas profundas de la vida y aprender a crecer a través de cada suceso.

Un pescador experto conoce los peces

Tiene tan claro como son estos, donde les gusta nadar, en que sitio se sienten más cómodos, y de qué manera se les puede pescar. Es obvio que al respecto Jesús podría haber repetido el examen, su competencia venía a través de la sabiduría del Espíritu, este quiso que Jesús demostrara competencia y carisma no solo en el manejo de las noticias del nuevo reino, sino también donde ellos resultaban aparentemente expertos. ¿Quienes podían saber más de peces, aguas, cebos, corrientes que ellos? Y sin embargo Jesús les desafía de inmediato retándoles a ir a las aguas profundas, pues allí es donde fluye la gran pesca, el éxito sobrado, la ganancia mayor. ¿Cuál es la razón de este proceder? Es obvio que demostrar quien en verdad era quien los llamaba.

Por Juan Carlos Campos A.

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