DOS VIAS EN MEDIO DE LA RUTA
La mañana ha empezado de modo distinto. Una sucesión de relámpagos y truenos han sorprendido a todo el mundo. Ceniciento el cielo demuestra que el otoño es realidad en Santiago, luego de los truenos sobreviene la lluvia y esto me recuerda que en medio de semanas de muchas actividad la tarea de ordenar las tejas corridas por el terremoto y sus replicas se ha quedado para el último…el agua mas de algún daño hará a la casa. ¡Sin duda tendré problemas con los habitantes de esta vivienda!…empezando por mi esposa.
Estos hechos me recuerdan la vida cristiana y el resumen de nuestras jornadas las cuales siempre dejan un aire de insatisfacción, dejando en claro que siempre falta algo para que todo resulte ok, creando auras de insatisfacción y de pronto marcadas tendencias de frustración por no lograr la dignidad que quisiéramos exhibir delante de Dios. Cualquier pastor avezado se dará cuenta que estamos frente al dilema viejo de nunca sentirnos completamente satisfechos delante de Dios, dejando muchas veces a la luz nuestras tendencias perfeccionistas presentes en nuestra mente.
Tema importante de aclarar
Recuerdo haber sufrido mucho en mis inicios como creyente al respecto. La falta de alegría a causa de -no lograr ayudar a Dios- como quería hacerlo, me tenían constantemente amenazado y sintiendo culpable delante de ÉL. Pronto descubrí que había muchos como yo zozobrando en nuestra fe al no descubrir el viejo e irritante dilema entre la ley y la gracia. Quizás esta es la razón por la cual al comenzar a leer el nuevo testamento el primer tipo con el que me identifique fue Pablo sobre todo cuando se quejaba en romanos siete de los impedimentos presentes en su propio ser que le impedían sentirse plenamente satisfecho.
Entender esta diferencia; ley y gracia, resulta clave para descubrir cual es la verdadera vereda por las que estoy caminando como hombre de Dios; las veredas de la ley o la gracia provocaran efectos emocionales y espirituales muy diversos en el corazón del creyente. Un creyente alegre de su profesión espiritual no necesariamente refleja sanguinidad inherente sino una sana aproximación a entender que ha sido declarado libre de sus imperfecciones y pecados por la obra que Jesús realizó por el en la cruz y que su vida cristiana no alterara estos hechos que llevan la tinta y la firma divina, por otro lado el rostro seco y sin chispas en la vida de muchos creyentes puede ser a veces el corolario de un creyente dividido en sus entrañas, tratando de agradar sinceramente a Dios a través de sus obras, pero siempre terminando el día con “tejas corridas en su techo” las cuales crean emociones negativas, destructivas, fácilmente identificables y que llevan a muchos a rendirse en su afán de dedicar su vida a Dios.
En mi primer campamento cristiano recuerdo haber tenido un maestro llamado Rafael quien no cantaba como el español, pero si al enseñar reflejaba cuan profundamente inspirado se sentía al tratar de hacernos entender que la ley era un exigente profesor como los de mi época que usaban la voz para gritarte, la manos para doblar tus orejas y el puntero para descargarlos en nuestros dedos, todo con el objetivo de darnos a entender como debíamos comportarnos. También nos recordaba que la ley era semejante a un espejo que reflejaba toda nuestra realidad, algunos con este segundo ejemplo respiraban satisfechos pues tenían positivas imágenes de sí mismos, otros en cambio eran victimas del infierno creado por ellos mismos a lo largo de sus vidas. El punto a remarcar por el apóstol Pablo es obvio; mirarnos de manera seria en este espejo pone a la luz nuestras imperfecciones delante de Dios, nadie puede negar lo imposible que resulta agradar a Dios por esta vía llena de exigencias que solo sirven para demostrar nuestra incapacidad e inoperancia. Como decía un amigo, la ley es como los manuales de los muebles que compre para armar mi oficina, por más que me esfuerzo en el diseño siempre habrá algún perno, cajón o tabla que servirán para exhibir mi torpeza. En cambio la gracia resulta tan distinta, increíble para aquel que ha luchado denodadamente para agradar a Dios a través de una conducta intachable.
Perdona el ejemplo pero la gracia me recuerda un día que venia en una camioneta que había comprado hacía unos meses y de la cual ignoraba algunas cosas. Me detuvo un policía y pidió mi autorización para conducir y luego papeles del vehículo, pasé mi licencia rápidamente y luego el resto de los documentos. Me miro con rostro acusador para luego alzar su voz y decirme: su licencia está vencida y su vehículo no tiene permiso para circular. ¿Qué está diciendo? Esta camioneta tiene apenas siete meses….Si señor, podrá tener siete meses pero la ley dice que Ud. debe cada seis meses llevarlo a revisión, y su licencia no dice once sino dos. Revise mis papeles y era como él decía, el numero once que yo creía ver era dos y el vehículo por ser petrolero tal como el afirmaba debía renovar permiso cada seis meses. ¡Estaba para ser ejecutado! Llamó a su capitán y le conto la situación. Cuando lo vi venir a mí….ore como quién espera el juicio final. Para mi sorpresa reacciono muy amable, me pregunto que me había ocurrido, esgrimí mis razones y para mi asombro, me dijo: Señor mañana vaya y arregle sus papeles, puede continuar su viaje. ¡Salí eufórico! A la mañana siguiente a primera hora estaba solucionando todos los desordenes que tenia en mi documentación.
Este último hecho revela la autentica consecuencia de cómo cuando la gracia se manifiesta en el corazón del ser humano, surge un rotundo deseo de servir y orientarnos a las pautas de aquel que nos libró de lo que la ley exige en cada uno de sus artículos. Como la biblia dice “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo….por gracia sois salvos”. Efesios 2: 4-5.
Sin saberlo era un loco conductor creído que mi coche estaba plenamente en regla, hasta que apareció la ley representado por el primer policía, quien bruscamente me hizo mirar en el espejo y comprender la condición en la que me encontraba, ¡estaba liquidado y sin opciones! Sin embargo sorpresivamente surgió el capitán quien reflejando gracia en medio de mi situación me dejó libre. Una “cristualidad” de la vida que refleja la realidad de la cruz y como esta demuestra la misericordia de Dios por quienes somos su creación predilecta.
