El verdadero mensaje

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2 Corintios 4:5

una de las grandes tentaciones del púlpito es revelarnos a nosotros mismos en vez de visionar a Cristo como portador genuino, único y auténtico del mensaje de nuestras vidas. La gente de Corintios veía y se interesaba más en Apolos, Pedro o el mismo Pablo que en Cristo. Cuando no están los Pablos, El carisma y aprendizaje corriente a causa del Don puede terminar siendo habilidad natural aprendida en la vida de la persona, hecho no visto ni comprendido por quienes muchas veces son el público al cual nos toca enfrentarnos y que vibra a veces más por la simpatía y personalidad del ejecutante, por el brillo que la vida le ha adjudicado y la fama que pesa muchas veces mas que la unción genuina que el Espíritu quiere derramar sobre la gente. Es épica la gestión del auténtico mensajero que lucha y ora a Cristo Jesús para desaparecer en el manto, túnica y sandalias del maestro, para evitar gravitar y revelar la vida suya al compartir la verdad. Es súper y definitivamente importante la vida previa a la revelación publica del ejecutante. Una búsqueda en oración del mensaje, una inversión digna de estudio bíblico y clamor por quienes nos oirán resultan para Dios digno de quien es su -siervo útil- O nos acostumbramos a lo que ya fuimos v/s el valor de la novedad por medio de lo que Dios tenga para ofrecernos. Sin duda es época de oscuridad. Esta se hace más tenebrosa por la carencia de luz conforme a lo que cada cultura requiere en los púlpitos y en los labios del hombre de Dios. El archivo macro monumental de internet ha dejado de ser un mamotreto de información para terminar siendo la base de nuestros trabajos públicos. Es bueno leer y aprender de los actuales líderes de opinión en el ámbito bíblico otra cosa es dedicarnos a trabajar con su trabajo. Es anular la vía que el Espíritu tiene con cada uno. La multiforme sabiduría divinamente se revela en la abundante diferencia de personas que el reino posee. El discernimiento de cada cual en movimiento por la vía de una vida en el Espíritu hará la diferencia en cómo se observan los hechos. Creo que la razón del vulgo por parte de Cristo al escoger sus discípulos era evitar la humanidad de nuestro gestión. Ser del vulgo, tener una imagen corriente o pertenecer al -montón- evita la intelectualización inherente o fluido líquido que emana de un filósofo o comunicador profesional. No tengo problemas en la formación académica o desarrollo profesional el peligro es cuando a causa de estas característica proyectamos la vida de la gente. Muchas de estas normas han dejado de ser y la iglesia se ha llenado egos que viven del lucimiento personal. ¿Se imagina si Cristo hubiese sido pulcro, racional y frío y se hubiese dedicado a escoger con pinzas a puras pléyades y grandes figuras como discípulos? Somos de pronto muy carnales como hombres, la sed de posicionarnos y convertirnos en estrellas configura parte importante en el gen de nuestra anatomía psicológica. La tentación de ser primeros actores, dioses con piernas de barros, encaramados en la esperanza de la autosatisfacción urge el alma del hombre frente a lo cual el hombre de Dios debe estar sensible e inquieto para evitar hacia qué lugar se inclina la balanza. Este hecho revela cuán complejo puede llegar a ser el trabajo de servir a Dios por medio de uno de los sitios más tentadores del quehacer del hombre de Cristo. Spurgeon, príncipe de los predicadores, en la época en que estos ejercían gran interés en la gente, decía que el púlpito puede convertirse en él nido de los carnales, él ya sabía adónde puede llevarnos el péndulo y es verdad particular que conviene tenerla en consideración cada vez que nos toca servir como portadores. Es época de fantasía, de luminarias y entretención, los árboles nos impiden ver el bosque, hay mucha ruta próxima pero no real ni justa. De ahí el valor que tiene esta palabra compartida a la iglesia de Corintios; “porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús cómo Señor, y a nosotros como siervos vuestros por amor de Jesús”. Pablo tenía claro quien era el perfil mayor y quien debía brillar cada vez que abrimos nuestros labios delante de la gente. Es a él a quien anunciamos, no son nuestras labores ni acciones, no es la iglesia u organización a la cual pertenecemos ni siquiera la visión o sueño que encandila nuestro quehacer cotidiano; es Cristo como el único trascendente, capaz de dar por medio de su mensaje el auténtico sentido y gracia para vivir con una ruta definida…nosotros somos como era Pablo y su equipo; siervos, trabajadores de quien es el dueño de La viña. Operarios de él que actúan conforme a los roles específicos que él nos está cada día demandando….